La tierra enfrenta riesgos reales y
crecientes
El hombre, depredador de la
naturaleza
Sylvia Ubal
El hombre, hasta el momento ha
permanecido en la cima de la pirámide depredadora y no existe en la actualidad
ninguna criatura que le dispute el puesto. El mayor asesino de la tierra es el
hombre y hasta mata por deporte. El depredador mata para sobrevivir El hombre
es auto destructor y es consciente del asesinato que está cometiendo.
El hombre se ha convertido en el
voraz destructor de la fuente natural de su propia vida, en su afán por
superarse y, que en cierta forma se siente un poco Dios; creador, inventor,
transformador, dueño de la vida, patrón del universo, se olvida que todas las
cosas en la naturaleza no están hechas por azar, que cada especie ocupa su
lugar en la rueda de la vida, que cada una tiene un rol
El hombre es aquel que destruye su propia
naturaleza
Destruye su hábitat con verdadera
saña, como si odiara la bellísima morada en que vive, y a las criaturas que le
acompañan y viven con él. Acaba con las plantas que son su abrigo, su alimento
y medicina, sin el menor agradecimiento, sin la más mínima consideración.
Destruye y aniquila. Bombardea la tierra y todo ser vivo que se le atraviese
con fuerza destructora.
Y así pudiéramos hacer una relación
de cuanta cosa destruye y/o intenta destruir el hombre en su paso por la tierra
y cada generación, como si fuese la última que fuera a existir. Tanto es el
afán destructor del hombre, que intenta por igual destruir su pasado y el
pasado histórico, los patrimonios de la humanidad
En Europa la naturaleza ya perdió la
Batalla frente al Hombre, mientras que en nuestra América Latina todavía hoy
las fuerzas naturales se oponen y luchan al avance de una civilización y que
ahora muestra por todas partes su rostro destructor y depredador
Como dijo Friedrich Holderlin “hay
que tener respeto por la naturaleza esa es la clave de la supervivencia de la
Humanidad y América Latina es todavía el reino de la naturaleza y es por eso
una región de resistencia y de esperanza”.
Como nos dice también Pablo Neruda en
su Canto General “esos pueblos indígenas a los que fue tan difícil conquistar,
hasta el punto de que muchos de ellos prefieren la muerte en combate, a la
sumisión, no son simplemente habitantes de la tierra, huésped de la tierra,
sino la tierra misma”.
El hombre, depredador de la naturaleza
Están los inconscientes que sólo
consideran vida, la única digna de conservarse, la humana, como si la vida no
fuera toda la naturaleza, de la que apenas somos una entre billones de especies
y formas de vida.
A los humanos nos tomó millones de
años convertirnos en la especie dominante que hoy arriesga su propia
supervivencia si no se detiene el acelerado proceso de destrucción de la
biosfera. Nuestra raza humana, cada uno de sus grandes grupos y cada uno de los
individuos que la formamos, deberíamos dejar llevarnos por el instinto de
supervivencia de la especie para prolongar su permanencia en el planeta. De eso
se ha tratado a lo largo de la existencia de la humanidad.
Los que habitan la Tierra enfrentan
riesgos reales y crecientes, la flora, la fauna y la humanidad (el hombre es
también autodestructivo). Se empeña en la destrucción social de las regiones,
ataca a la especie misma, se muestra peligroso por temperamento,
Hace guerras donde quedan millones de
muertos, consume drogas y estupefacientes, intercambia virus genéticamente
modificados, con lo cual se crea epidemias letales. Como ejemplo el SIDA. El
Periódico Médico Británico asegura que «el SIDA superará la peste negra que
sacudió al mundo en el siglo XIV».
El trabajo técnico y científico del
hombre calienta la Tierra, el agente calorífico es el bióxido de carbono (CO2).
Es consecuencia de la industria petroquímica, de la combustión de carbón, gas y
petróleo, y del monóxido de carbono de los vehículos. Dados sus efectos, la
temperatura ambiental del Planeta aumenta, la nieve se derrite en las montañas,
las áreas polares se deshielan, el nivel de las aguas marítimas sube, en las
zonas templadas las personas muere de calor.
El agua, sustento de la vida, va
desapareciendo, se ensucian los ríos, mares y quebradas merman o se secan. En
contraste caen diluvios en amplias zonas de la Tierra. El cuadro de
inundaciones, ahogados y desaparecidos es enorme. Los océanos reciben diariamente
grandes cantidades de desechos líquidos y sólidos, basuras y excretas,
procedente de grandes y pequeñas ciudades.
Las selvas, océanos selváticos,
fuentes de oxígeno y energía, depuradores atmosféricos, están atacadas,
intensamente quemadas, talados sus árboles naturales, intervenidas las cadenas
biológicas, aisladas las especies, dañadas sus poblaciones indígenas, alteradas
sus condiciones naturales. Las reemplazan con hatos ganaderos o cultivos
transgénicos que modifican genéticamente las plantas y alteran el ecosistema.
La caza y pesca industriales exceden la capacidad de reproducción de las
especies.
El impacto del hombre sobre la Tierra
equivale a una colisión con un gran meteorito. Dadas estas condiciones, debemos
declarar al planeta Tierra en estado de emergencia, proponernos su
sustentabilidad e incorporarla dentro de nuestro planes, locales y globales,
como área de protección integral.
El hombre busca utilizar los recursos
que le brinda la naturaleza en su beneficio, y no está mal que se intervenga en
cierta medida en el ciclo natural, pero es necesario siempre respetar el
equilibrio interno elemental de la vida con el medio ambiente.
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